lunes, enero 16, 2006

Lluvia

"Según me contaron más tarde, no lloré: estaba demasiado abrumado para eso. Permanecí inmóvil mirando los restos durante un rato largo, y luego di media vuelta en silencio y volví a mi habitación, donde me tumbé boca abajo en la cama.
La verdad es que no recuerdo lágrimas, pero sí una angustiosa certeza de desolación, de desastre irrevocable, de tristeza infinita ante toda aquella felicidad arrebatada por el azar, por la mala suerte, por la imprevisión, por el Destino.
Después con los años, he tenido unas cosas y he perdido otras. También, sin importar cuánto gane ahora o cuánto pierda, sé que perderé más, de golpe o poco a poco, hasta que un día acabe perdiéndolo todo. No me hago ilusiones: ya sé que son las reglas.
Tengo canas en la barba y fantasmas en la memoria, he visto arder ciudades y bibliotecas, desvanecerse innumerables caballos de cartón propios y ajenos; y en cada ocasión me consoló el recuerdo de aquel despojo mojado." continúa
Un fragmento de una columna de opinión semanal de Pérez-Reverte, lo tengo "linkeado" desde hace tiempo, pero nunca le había dedicado un post algo digno. Me gusta leerlo y suelo hacerlo con regularidad.

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2 Comentarios:

Blogger wakalani dice...

fácil pensaba que se le había muerto la madre...
que fuerte!

16/1/06 1:11 p. m.  
Blogger halfmat dice...

jaja si, no sabes que desgracia le pasó hasta que lees el texto completo :P

16/1/06 1:15 p. m.  

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